Pasito a pasito (suave, suavecito).

Es fácil -y bonito- hablar de darle un Upgrade a tu vida. Pero conseguirlo no lo es tanto. Hoy te compartimos la experiencia personal del fundador de Youlosophy, tal como se publica en el prólogo del libro "Cosmética Gourmet".



Cuando descubrí el mundo de lo natural, pasé muy rápidamente del entusiasmo al agobio. Tal vez les haya ocurrido lo mismo. No fue difícil al comienzo abandonar las hamburguesas de McDonald’s y empezar a cocinarlas en casa con carne picada. Me sentía feliz sabiendo que un pequeño esfuerzo de mi parte representaba una enorme mejora para la salud de mi familia. Pero enseguida se me advirtió que esto no era suficiente. Tenía que comprar “todo orgánico”, o prácticamente estaba envenenando a mi hijo. Hacerlo tampoco fue suficiente. Si compraba carne orgánica en el super, era casi un aliado cruel de las grandes cadenas, y equivalía prácticamente a ir a darle patadas al pequeño productor. Pero ir hasta las ferias orgánicas del pueblo los sábados, con mis bolsas reciclables, y comprar directamente del granjero sus carnes orgánicas, eventualmente también era una especie de pecado: tenía que dejar de comer carne y ya. Me sorprendía cómo una experiencia que se prometía liberadora, muy pronto se había convertido en una religión más estricta que aquellas otras que, ya hace muchos años, había abandonado por la misma razón.


Descubrí el yoga cuando vivía en Nueva York (en vez de bajar el ritmo de trabajo y ansiedad diarios, los neoyorquinos optan por vivir a lo loco y después hacer yoga -ahora mindulfness- también a lo loco, en una extraña lógica de superposición compulsiva de opuestos). Más allá de los muchísimos beneficios de esta práctica, me conquistó esto de que cada uno vaya a su propio ritmo y capacidad, sólo intentando ir un poco más allá de su propia marca, exigiéndose hasta donde resulte tolerable y lógico para cada uno. En una misma sala conviven expertos con su tobillo rozando una oreja, con principiantes que también se sienten felices y realizados por el sólo hecho de haberse hecho el tiempo de ir, tumbarse, y respirar.


De esta forma os propongo leer este libro, y -si se me permite- explorar cualquiera de las opciones de la vida natural. Alrededor de este tema, como de cualquier otro, hay mucho fanatismo, mucha moda y mucho negocio. La única forma de incorporar algunas prácticas y costumbres más simples y sanas en nuestra vida es si lo vamos haciendo de a poco, y por decisión propia. En lo personal, he disminuido mucho el consumo de carne, pero no soy vegetariano. Admiro y respeto muchísimo a quienes lo son, pero no es (hoy) para mí. Intento cocinar en casa y usar productos frescos siempre, pero muy de vez en cuando me permito un combo de Burger King, y lo sigo disfrutando.


Uso algunos productos que son orgánicos, gourmet, artesanales, pero en otros casos compro el más barato del super, porque no puedo darme el lujo de hacer toda mi compra en el mercadillo bio, y porque sinceramente tampoco me interesa. Si uno va a cortar con el consumismo forzado y compulsivo al que invitan las grandes marcas, no debería ser para esclavizarnos a un nuevo paradigma, igual de extremo, forzado, y poco auténtico. La verdadera revolución que debería definir la próxima época global tiene que ser mental, y empieza cuando nos atrevemos a pensar y elegir por nosotros mismos.

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